...y me he llevado un chasco.
A principios de año estuve en Londres con mi familia y unos amigos. Uno de los días de turismo consistió en ir a Greenwich y claro, si vas allí, la visita al Real Observatorio es obligada. Además de hacerme la foto correspondiente en el meridiano cero, descubrí a
John Harrison, un carpintero y relojero autodidacta que resolvió el problema de la longitud. Salí del museo totalmente fascinada. No sólo por la cantidad de relojes, sextantes, astrolabios, brújulas y demás instrumentos de navegación (los cuales no sé utilizar, pero me parecen increíblemente atractivos) sino por descubrir una parte de la historia que desconocía y que es muy interesante.
Uno de los amigos con los que fuimos me dijo que si tanto me había gustado podía leer un libro al respecto: Longitud, de Dava Sobel. Dicho y hecho.
Cuando digo que me he llevado un chasco es porque esperaba que "Longitud" fuese una novela histórica y ha resultado un libro de historia ameno. No hay narratividad, ni interacciones de personajes, ni ambientación, ni... vamos, que es un texto que cuenta lo que pasó, pero de forma poco literaria. Es decir, es un "en 1714 pasó esto y en 1759 lo otro...". A lo mejor no es tan pestiño como leer un libro de historia tal cual, pero yo echo de menos los diálogos entre personajes, y la descripción de escenarios y pensamientos por parte de los protagonistas. Es una pena porque la historia da para una buena novela.Eso sí, he aprendido un montón y el libro es corto, así que se lee rapidito.
"Longitud" trata de cómo se afrontó el reto de calcular la longitud en el mar, un problema crucial que les costó a grandes naciones la pérdida tanto de marineros, como de enormes riquezas. Los marineros eran capaces de calcular la latitud a la que se encontraban, pero no así la longitud, que les hacía perderse continuamente en los océanos o desviarse cientos de millas del puerto objetivo.
Para que os hagáis una idea del problema que suponía el conocimiento de la longitud, el gobierno inglés promulgó en 1714 el "Decreto de la longitud" en el que se ofrecían 20.000 libras (equivalente a varios millones de dólares actuales) a la persona que lograse ofrecer una solución útil y práctica al problema de calcular la longitud en el mar. Aunque se propusieron métodos de lo más variopinto (de chiste incluso), fue John Harrison, un relojero autodidacta, el que logró construir varios relojes (H1, H2, H3 y H4) muy precisos que solucionaban el problema (basta con tener un reloj preciso para calcular la longitud, ya que cada hora equivale a 15º de longitud). Actualmente parece una tontería, pero en el siglo XVIII construir un reloj preciso para la navegación era casi imposible, pues los cambios de temperatura, los bamboleos del mar y un sinfín de contratiempos eran complicadísimos de solventar. Bueno, pues a Harrison le llevó 45 años desarrollar sus máquinas y se topó con personajes que trataron de desacreditar su trabajo y hacerle la vida imposible. Es una historia muy chula que a mí me ha llevado a admirar profundamente a este señor.
Parece ser que hay una película basada en el libro, "Longitud", así que trataré de verla, pese a que salga Jeremy Irons... Éste es uno de los casos en los que creo que la peli puede estar mejor que el libro...
Por cierto, "Longitud" ha sido el primer libro que he leído en mi Kindle y la experiencia ha sido muy positiva. Eso sí, he echado de menos comprobar en el lomo cuántas páginas me quedaban; ver un porcentaje no es lo mismo...